Al Pacino y El Padrino

Por Pablo Crespo

Nacido un 25 de Abril de 1940 en East Harlem (Nueva York) en el seno de una familia humilde de raíces sicilianas, Alfredo James Pacino se ha convertido en una pieza imprescindible del cine norteamericano.  Pacino ya había protagonizado varias películas, pero fue en 1972 cuando se dio a conocer mundialmente con su estelar interpretación de Michael Corleone, un joven recién llegado de la gran guerra, tímido, inteligente y con una vida llena de posibilidades por delante, que tras una serie de nefastos acontecimientos se ve arrastrado al mundo del crimen para convertirse en El Padrino .Michael deberá cumplir su sino, liderará unas de las más importantes familias de la Cosa Nostra neoyorquina y  jugará además el papel de marido, padre y vengador, destruyendo a lo largo de la trilogía todo lo que el ama. Pacino, bajo esa fría y pausada mirada,  interpretará con majestuosa tranquilidad y astucia cada uno de esos roles.

Con un fastuoso inicio y un final que supera lo dramático, la trilogía El Padrino es una de las grandes maravillas que nos ha brindado el séptimo arte. Ganadora de tres Oscar y un Globo de Oro, aborda todas las cuestiones existenciales que rodean al hombre, es al cine lo que Hamlet de Shakespeare es a la literatura. Amor, pasión, honor, celos, traición, lazos familiares y venganza se unen bajo una dirección majestuosa de la mano de Francis Ford Coppola  que adapta a la perfección la novela homónima de Mario Puzo, en la que es probablemente la obra maestra del cineasta. Marlon Brando y Robert de Niro encabezan un suntuoso reparto que cuenta con espléndidos intérpretes como  James Caan, Robert Duvall y  Diane Keaton entre otros, sin olvidar a grandes actores de los 50 como Richard Conte o Sterling Hayden.

Coppola ofrece una lección de raccord y ritmo. Una auténtica maravilla narrativa con unos personajes meticulosamente confeccionados y magníficamente interpretados. Una superproducción con todas las letras, enaltecida por la ya emblemática partitura de Nino Rota y la magnífica dirección fotográfica dirigida por Gordon Willis que aporta a la obra un realismo descomunal.

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Snatch, cerdos y diamantes

Por Pablo Crespo,

Franky Cuatro Dedos un ladrón y traficante de diamantes, encarnado de manera magistral por el puertorriqueño Benicio del Toro se dirige a Nueva York para entregar un enorme diamante de incalculable valor a su jefe Avi (Dennis Farina) . Se propone sacar algo de dinero extra en  Hatton Gardens, Londres, cuando un antiguo agente de la KGB llamado Boris “el navaja” le invita a apostar en un combate ilegal de boxeo sin guantes, para así arrebatarle la pieza. Muerto Franky ,Avi se dirigirá a la ciudad londinense donde contratará a Tony “Dientes de Bala” (Vinnie Jones) para tratar de recuperar la joya.

Entre tanto gangsters, ladrones, asesinos a sueldos y un gran Brad Pitt en el papel de gitano se entremezclaran para dar vida a un violento y entretenidísimo film dirigido por el singular Guy Ritchie. El británico vuelve a ofrecernos tras  Lock & Stock” una propuesta parecida, con mucho mas humor y altas dosis de testosterona. La esencia de la película reside en las variopintas conexiones entre los personajes, y al magnífico modo de jugar con el tiempo y el espacio del director británico.

SCARFACE

Al Pacino protagoniza este memorable remake, encarnando de manera magistral al salvaje Tony Montana, uno de los gángsters más despiadados e influyentes de la historia del cine.

 Dirigida por Brian de Palma y producida por Martin Bregman, encargado de llevar a la gran pantalla dos primeras entregas de El Padrino, El precio del poder nos acerca la escalofriante historia de un refugiado cubano que desembarca en Florida en busca del sueño americano. Acompañado por su socio Many Rivera se abrirá camino a base de sangre, balls y mucho orgullo hasta la cima del imperio de la cocaína de Miami.

La estilizada realización del director, un cuidado montaje a cargo de Oliver Stone y la genial banda sonora de Giorgio Moroder , sin olvidar un reparto de lujo con dos bellísimas actrices de la talla de Michelle Pfeiffer y Mary Elizabeth Mastrantonio hacen de Scarface una de las más grandes historias del mundo del Hampa que ha producido la industria de Hollywood.

Por Pablo Crespo

The Lovely Bones

Peter Jackson vuelve a colocarse tras la cámara en este inquietante film ambientado en los años setenta donde tenemos como protagonista a una chica adolescente, Susie Salmon. Desde el principio de la cinta hasta el final Susie será la narradora de la historia, nos contará desde el más allá (al igual que en American Beauty nos encontramos con un narrador muerto que es omnisciente) su propio asesinato y los sucesos relacionados con su familia y asesino. La película está cargada de imágenes y paisajes oníricos de gran belleza en los que Susi está atrapada, ya que todavía no ha realizado el viaje completo al cielo y su existencia permanece entre los dos mundos.

En esta obra Peter Jackson vuelve a sus inicios retomando protagonistas femeninas, tratando los temas más oscuros de la realidad, y a su vez añadiendo ese toque de fantasía que le hace tan característico. Todos estos elementos recuerdan su largometraje Criaturas Celestiales (1994) relato de un asesinato real protagonizado por Kate Winslet, donde sus dos protagonistas eran también unas jóvenes, las cuales intentaban escapar de la realidad inventándose un mundo fantástico. En The Lovely Bones realidad y fantasía están también mezcladas en una trama triste y siniestra que constantemente juega con los sentimientos del espectador.

Los mejores puntos de la película son sin duda, su puesta en escena y la idea original que hace posible el argumento. También cabe destacar la banda sonora elegida, compuesta por canciones del grupo Dream pop Cocteau Twins. Estas melodías atmosféricas encajan perfectamente con las escenas bucólicas visualizadas a lo largo del film, un gran acierto por parte del director.

De las actuaciones del elenco de personajes sin embargo, no puede decirse lo mismo. Las interpretaciones no son ni despreciables ni memorables, aunque contando con actores de la talla de Susan Sarandon y Michael Imperioli tal vez podría esperarse un resultado mejor. El ritmo de la película es otro pesar para el espectador, que acabará desesperándose al ver repetidamente los mismos paisajes mágicos del limbo sin que el tiempo parezca transcurrir.

Haciendo un análisis general de la película damos con un diagnóstico positivo. The Lovely Bones es una buena obra cinematográfica para los tiempos que corren en esta industria, no obstante, no pasa de ahí, y lejos está de considerarse cine de calidad.

Por Pedro Plasencia